Sobre el aceite de palma

Sí, aceite de palma, o como dijo un profesor de mi carrera al enterarse de que mi grupo y yo realizaríamos un trabajo acerca del mismo, “¿¡Ese que es tan malo!?” Parece que este producto jamás se va a librar de la mala fama que adquirió en su día (allá por los inicios de este año) cuando no paraba de salir en los medios, la gente enviaba mensajes difundidos vía Whatsapp alertando y asustando sobre su consumo… Fue tal su repercusión que aún a día de hoy cuando la gente se entera de que estudio Ciencia y Tecnología de los Alimentos la primera cuestión sobre la que soy preguntado es esta.

Aceite de palma, grasa de palma, palmiste… Seguro que no han sido pocas las veces que has escuchado los nombres de estos productos o te has topado con ellos en el listado de ingredientes de algún envase de alimentos. Todos vienen a ser lo mismo.

Si eres como yo y estos temas te apasionan, o si tan solo vienes a curiosear un poco, te invito a que sigas leyendo.

¿De dónde sale? Un poco de historia…

El aceite de palma se obtiene de los frutos de palma. La palma de aceite es la planta encargada de producir estos frutos.

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Palma de aceite con sus frutos

Está acordado, generalmente, que la palma de aceite tiene origen en la región del bosque tropical del Este de África. El procesamiento de los frutos de palma para convertirlos en aceite comestible ha sido practicado durante miles de años, y el propio aceite es un ingrediente esencial en buena parte de la cocina del África occidental.

Durante los siglos XIV y hasta el siglo XVII algunos frutos de palma fueron llevados a América y de ahí a Asia. Es en este último continente donde esta planta parece haber prosperado mejor y donde se produce, actualmente, la mayoría de este aceite.

La palma que se encuentra en la África central y occidental es una variedad salvaje llamada Dura. Esta produce un fruto con una cáscara gruesa y un mesocarpo (zona carnosa del fruto de la que se obtiene el aceite) más fino. Es el híbrido entre la variedad Dura y la variedad Pisifera (sin cáscara) el que se utiliza para la producción del aceite ya que se obtiene un fruto con un mesocarpo más grueso y una cáscara más fina.

Por qué aceite de palma

Como casi siempre el motivo es puramente económico. Su modelo de producción está basado en una mano de obra de muy bajo coste con condiciones laborales bastante malas. Los trabajadores de estas plantaciones, principalmente situadas en Indonesia y Malasia, son habitualmente inmigrantes de las regiones más pobres del propio país o de países cercanos. Por desgracia, este problema de mano de obra barata en países en vías de desarrollo no es exclusivo, ni muchísimo menos, de esta industria. Pero la cosa no acaba aquí. El hecho de que haya aumentado su producción implica que haya más plantaciones, y la aparición de más plantaciones implica deforestación. Es tal la magnitud de este problema que ha generado erosión y pérdida de biodiversidad (disminución de la población de orangutanes por desaparición de bosque tropical).

Añadido a todo lo anterior están las siguientes características: Permanece sólido, mantiene la forma del producto y cuando se introduce en la boca funde de forma agradable… (JUAN REVENGA FRAUCA). Lo que faltaba. No solo es barata su producción si no que encima preserva bien los alimentos y gusta al consumidor. Este factor resulta ser determinante ya que al fin y al cabo es el propio consumidor el que tiene el poder de la toma de decisiones a la hora de comprar un producto o no y, aunque a veces no sea la mejor forma de proceder, nos dejamos llevar por los gustos y el placer.

Ahora llegan las malas noticias…

Igual para la industria alimentaria (o, como dice @farmagemma , “El Imperio”) es fantástico. De hecho lo es. Pero para la salud me temo que no. Para nada.

Como pasa con todos los aceites vegetales, nos encontramos, según su modo de producción, los refinados y los virgen (engloba virgen y virgen extra). Y no. El que se encuentra en los muchos productos de nuestros supermercados no es precisamente virgen extra (el virgen extra no sale tan barato producirlo).

De forma muy resumida, el refinamiento consiste en un procesamiento de los aceites para mejorar el rendimiento de la producción (se obtiene más cantidad), su conservación y en algunos casos hacerlos más “agradables” para el consumidor.  Esta serie de procesos conlleva, entre otras cosas, elevar su temperatura a 180ºC-220ºC.

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Infografía marca de la casa

Una vez comprobado que los aceites vegetales refinados no son demasiado buenos para nuestra salud vemos que el aceite de palma, además, contiene ácido palmítico. Un ácido graso saturado que, como afirman estudios científicos, está relacionado con enfermedades cardiovasculares, metabólicas y diferentes tipos de cáncer. Además están presentes en él compuestos tóxicos característicos del propio proceso de refinamiento acerca de los cuales la EFSA (la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) ya se ha pronunciado.

Donde menos te lo esperas

La evidencia científica constantemente nos dice que, por cuestiones de salud, hay que dejar a un lado los productos ultraprocesados y priorizar la comida real (enlace al blog de @nutri_rivers ). Existen procesados buenos y malos procesados. También está claro que no siempre es ni fácil ni barato comprar fresco y en el mercado. Pero resulta que nuestro amigo el aceite de palma aparece hasta en los productos más insospechados. 

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En unas Galletas María

Yo lo tengo claro

Su forma de producción no es ni ética, ni sostenible. Para la salud queda claro que no es bueno. Además existen alternativas fantásticas como nuestro AOVE (Aceite de Oliva Virgen Extra) un aceite vegetal con innumerables beneficios y del que podemos estar muy orgullosos de ser el primer productor mundial (y del que, quien sabe, si haré un post dedicado exclusivamente).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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